» COND€NA

COND€NA

COND€NA

COND€NA

 

Todo está oscuro. El silencio es tan grande que incluso podría ser audible. El eco me devuelve mis latidos. El lugar es oscuro, sin luces, pero a la vez acogedor. Estas cuatro paredes me ofrecen todo lo que necesito, tal vez será porque yo las he creado. Y ¿para qué salir afuera? Si todo lo que hay fuera es triste y lúgubre, un lugar lleno de prejuicios y dolor, donde niños pasan hambre y familias lloran al abrir su frigorífico, donde suenan las alarmas de comercios afectados por las protestas de estudiantes tras cada especulación cometida con la educación, donde se cobran sobresueldos mientras madres se disfrazan de arlequines y hacen malabares con cuatrocientos euros al mes, donde ser diferente es ser un bicho raro.

Mejor me quedo aquí sin dolor alguno, sólo el que yo mismo pueda causarme, sólo el que mis manías, mentiras y obsesiones puedan hacerme sentir. Sé que es cobarde estar de brazos cruzados pero soy consciente de que ya no hay valor en el paradisíaco mundo del conformista.

Nos hemos vuelto demasiado apáticos, incluso somos capaces de soportar los latigazos ocultos tras cada recibo devuelto por nuestro banco con tal de tener el coche de nuestros sueños que tanto nos costó conseguir aparcado en la puerta negando la evidencia de que jamás será nuestro porque nunca podremos pagarlo.

Me gusta mi propia mentira, me gusta ser un cobarde y no afrontar los problemas que fuera se me presentan si con ello disfruto de la paz que aquí se respira. Soy un cobarde pero en mi mundo se está tan bien. Sólo yo tengo la llave para abrir el candado que me cerró la conciencia, prepararme para salir y luchar, pero la escondí en el cajón más oscuro de la habitación y cada mañana intento olvidar donde la puse. Hoy no estoy preparado para recordar donde lo dejé, pero tal vez, ¿lo estaré mañana?

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